La fealdad carente de brillo
que saca a relucir la pureza y la belleza

BETON 2

El movimiento brutalista en arquitectura nos ha aportado tantos edificios con ese acabado inacabado, que ya estamos acostumbrados a integrar su sobriedad en nuestras configuraciones interiores.

Echen un vistazo por sus municipios y ciudades y les sorprenderá ver que el paisaje urbano está plagado casi de tantas superficies de hormigón en crudo como de ladrillo visto.

Desde que hace unas décadas una explosión de cristal y metal reluciente invadió nuestro entorno arquitectónico, el betón aporta una nota de frescor que apela a nuestra nostalgia.

 

 

Le Corbusier, Ërno Goldfinger, Ken Woolley y Clorindo Testa son apenas unos cuantos ejemplos de entre los innumerables arquitectos de renombre a los que les gustaba dejar sus edificios sin pulir, todos ellos defensores de lo que se ha venido denominando una bella fealdad con muchas asociaciones simbólicas: Beton Brut (hormigón crudo)

En Panespol® hemos tomado prestado este concepto del movimiento Béton brut de los 1960’s y hemos creado revestimientos de poliuretano que imitan fielmente al hormigón crudo en paneles fáciles de montar y que les ayudarán a mejorar la imagen o producto que deseen mostrar al público.

 

Austero y sin brillo

Para las personalidades más influyentes que impulsaron la revolución estilística en la arquitectura de principios del siglo XX, el béton brut y el blanco contribuían a crear una sensación de luminosidad y claridad que permite centrar la atención visual en otros detalles.

No obstante, mientras que el blanco potencia la reflexión de la luz, ese brillo se elimina mediante el Betón. Se trata de una superficie mate.

El monocromatismo de gran parte de la arquitectura del siglo XX buscaba eliminar lo que Le Corbusier denominaba el “estruendo de colores que distrae la atención”.

Y a los diseñadores les encantan las opciones que nos ofrecen las texturas de hormigón sin pulir. Si combinan la simplicidad en el color y la simplicidad en la forma, podrán dar rienda suelta a su imaginación para experimentar en decoración sin miedo a equivocarse.

Desterrar los ornamentos crea un ambiente ideal para exponer todo tipo de productos, una atmósfera que podemos describir sin necesidad de más de una palabra: pureza.